Discurso del Decano

Discurso de Asunción del Decano FAU-UNNE
Dr. Arq. Miguel Ángel Barreto
24-06-2016

 

Estimada   Rectora,  Prof. María Delfina Veiravé.
Estimadas autoridades provinciales y municipales.
Estimados  Decanos, ex Decanos, Secretarios de Universidad y de Facultades.
Estimados Profesores, Personal no docente, Estudiantes, Egresados
Estimados amigos y público en general.

 

Es para mí de un altísimo honor contar con la presencia de Ustedes hoy aquí. Me siento orgulloso y les doy mi más profundo agradecimiento. Muchas gracias.

 

Es también un gran honor asumir como decano de esta querida Facultad,  a la que pertenezco desde hace muchos años, desde que ingresé como estudiante en el año 1982. Año muy duro en la historia nacional, teñido por compañeros que fueron a la guerra de nuestras Islas Malvinas, teñido por un clamor unificado de apertura democrática, de participación política y también por el miedo del pasado reciente.

 

Signos que marcaron a fuego a nuestra generación de los 80. Se juntaban los que volvían del horror, con los que empezábamos de nuevo. Fueron años históricos, de intenso debate y mucha esperanza unificada en el porvenir.

 

Desde entonces y hasta el día de hoy, incluidos los periodos de ausencia por motivos de estudios, no he dejado de trabajar por esta querida Facultad, en los distintos espacios que participé, como estudiante, como dirigente estudiantil, como becario de investigación de la Universidad, como investigador de la UNNE y del CONICET, como auxiliar docente, como profesor adjunto y finalmente como profesor titular. En todos, los casos tratando de aportar lo mejor que pude, desde mis creencias y mis convicciones.

 

En los próximos cuatro años, en el que me han dignado como decano, me propongo hacerlo aún con mayor esfuerzo, como una retribución a lo mucho que ella me permitió alcanzar en la vida, que no fue solo una carrera académica y  científica, sino también, un lugar en la sociedad y lo más valioso de la vida, mis seres queridos y amigos.

 

El día que el que Consejo Directivo me eligió Decano, por unanimidad, agradecí a cada uno de las personas y sectores que me apoyaron, dando los motivos y razones. Hoy, les reitero ese agradecimiento a cada uno de ustedes nuevamente y vuelvo a repetirles que vine a trabajar con ustedes, que todo lo vamos a hacer juntos, que cuento con ustedes para llevar adelante, la gran tarea que nos hemos propuesto realizar.

 

Los he convocado a trabajar, a cada uno de ustedes, desde el lugar que ocupan, como docentes, no docentes, alumnos, investigadores, becarios, adscriptos, para hacer de  esta Facultad un lugar del nos sintamos orgullosos de pertenecer, sabiendo, que con lo que hacemos, estamos aportando a una institución que nos pertenece y a través de la cual, nos realizamos íntegramente como personas.

 

Veo aquí a quienes fueron profesores míos, a colegas, a graduados y a estudiantes de los cuales he sido profesor. También veo a trabajadores administrativos que han dado toda su vida a esta facultad y a otros trabajadores jóvenes que recién comienzan con pasión por lo que hacen, una larga cadena  de varias generaciones que enlaza y construye la vida de cada uno, con la vida de la Facultad.

 

Esta institución, por lo tanto, no es solo una fuente de trabajo para cada uno de nosotros, es mucho más que eso, es un lugar de realización individual a la vez que colectiva. Ambos planos están muy unidos. Nuestra realización personal está atada a la realización institucional, por eso debemos esforzarnos por verla brillar.

 

El modelo de la Universidad pública Argentina, en el que se inscribe nuestra querida Facultad y que nos ha ayudado a ser quienes somos, enfrenta hoy enormes desafíos. Aunque la política de Ciencia y Tecnología, en un signo de gran madures nacional, inédito en la Argentina, parece haberse convertido en una política de Estado, expresada en la continuidad institucional del MINCYT, es probable que el modelo de mercado, de eficiencia puramente económica, a cualquier costo, lo volverá a cuestionar como en el pasado, y para quienes creemos que la Universidad pública es un ejemplo de educación superior en el mundo, por el nivel de inclusión que permite su gratuidad y el nivel de pluralidad que permite su sistema de gobierno, debemos trabajar mucho por lograr la calidad de excelencia académica y científica que demanda la complejidad de los problemas del mundo actual.

 

Este modelo público de educación superior, ha jugado un rol destacado en la igualación de la sociedad argentina. Somos uno de los países más equitativos en el contexto latinoamericano, que es la región más desigual del mundo, y gran parte se lo debemos a este modelo de Universidad, que permitió que lo largo de la historia argentina, los hijos de familias de clases medias y de bajos ingresos puedan hacer una carrera profesional y encontrar un mejor lugar en la sociedad. Describo mi propia vida al decir esto.

 

Sin embargo, hoy enfrentamos desafíos de eficiencia importantes y a mi modo de ver, no debemos dejar de velar por el compromiso social de la Universidad, ni dejar de identificarnos con valores como el saber, la libertad, la creatividad, la responsabilidad, la tolerancia, la igualdad, la solidaridad y la participación, que siempre identificaron a la Universidad pública argentina, pero a la vez también debemos ser más competitivos en los planos educativo y científico en el nivel internacional.

 

Nosotros como profesores, investigadores, profesionales, estudiantes, no docentes, debemos estar involucrados con las necesidades locales, al servicio de una mejor calidad de vida  para toda la sociedad, a la vez que abiertos a relacionarnos con el mundo y preparados para posicionarnos en el escenario internacional, tanto en la enseñanza, como en la investigación y en la extensión.

 

No debemos claudicar a la gratuidad y a la masividad del el ingreso, pero a la vez debemos encontrar soluciones creativas para enfrentar el problema de la permanencia y de la culminación con éxito de las carreras de grado de nuestros estudiantes, para contener a los estudiantes de bajos ingresos que estudian y trabajan, o que pueden tener formaciones previas deficientes, así como avanzar en una educación de posgrado y posterior, a lo largo de toda la vida, que sea más inclusiva. A la vez que tenemos que formarnos en el marco de los estándares internacionales, no solo para poder posicionarnos exitosamente, sino también para encontrar soluciones creativas a nuestros problemas.

 

Este modelo de Universidad no es solo un proyecto académico, es un  proyecto social y político que busca amalgamar a las diferencias sectoriales en pos de una visión de desarrollo compartida del conjunto de la sociedad, que debemos sostener.

 

En momentos en que el país parece perder el rumbo y se desgarra en conflictos políticos sectoriales estériles, en revanchismos inconducentes, que solo beneficia a los poderosos de siempre, le corresponde a este modelo de Universidad permanecer en sus valores, tener actitud de liderazgo y no claudicar como factor de desarrollo, desde  la reflexión y la crítica, desde el aporte de nuevas ideas y fundamentalmente desde el aporte de soluciones a los problemas que afronta nuestra región, nuestro país y el mundo.

 

No le temamos a las discusiones, ni al disenso, enfrentémoslo con diálogo democrático y con respeto, como otras veces ya lo hemos hecho en la historia, a partir de compartir este gran vector, ser todos juntos, como institución, una herramienta clave al servicio del desarrollo de la sociedad.

 

Acá, en el nordeste argentino, nuestro lugar en el mundo, el desafío es doble, porque son dobles las necesidades sociales, literalmente hablando y porque es doble el legado histórico que tenemos. Nacimos como una Universidad regional, para aportar a una zona postergada del país. Nacimos para contrarrestar a uno de los proyectos de nación que imperó en nuestra historia, que consideró a esta parte de Argentina solo una fuente de recursos naturales y de mano de obra, que históricamente se llevó a los jóvenes y a los mejores recursos que ella genera, para hacerla altamente dependiente del poder central.

 

Sin dejar de vernos en cada proyecto nacional que nos involucra, debemos contribuir a revertir esto desde nuestros propios medios, vernos a nosotros mismos como factor de desarrollo endógeno. Enseñar, investigar y trasferir, al medio un conocimiento de alto nivel de excelencia, como nos pide el mundo actual, pero que esté al servicio de nuestras necesidades y posibilidades de realización. Debemos investigar nuestros problemas, enseñar a conocerlos y a encontrar las soluciones.

 

Y debemos hacerlo sin esperar que de afuera lo vengan a hacer, confiemos en que se puede y pongamos nuestras energías en enfrentar nuestros problemas. Las soluciones comenzarán a llegar en el momento en que también podamos sortear nuestra dependencia cultural del país central y confiemos en los recursos que tenemos para solucionar nuestros problemas.

 

Alguna vez Max Neef estableció cuatro niveles jerárquicos de las disciplinas científicas. Le dio la forma de una pirámide, en la parte inferior colocó a las disciplinas de las ciencias básicas: física, matemática, química, geología, geografía, sociología, antropología, historia, economía, preparadas todas ellas para descubrir y enseñarnos como es el mundo natural y social, y en la parte superior colocó a las disciplinas de los valores: la filosofía, la ética, la moral, las ciencias artísticas, que guían y dan sentidos a nuestras vidas. Debajo de estas colocó las disciplinas normativas: las ciencias jurídicas, políticas, educativas y administrativas, que regulan y forman la vida de la sociedad. Y entre estas y las ciencias básicas de la parte inferior, colocó a las disciplinas del hacer: las ingenierías, la agronomía,  las ciencias médicas, las ciencias industriales y comerciales, dedicadas a trasformar el mundo a partir de la tecnología. Cada uno estos niveles con sus métodos y técnicas propias.

 

La Arquitectura, el Urbanismo, el Planeamiento territorial, el Diseño, es decir, los campos de actuación de actuación de nuestra Facultad, pertenecen claramente al campo del hacer y de sus tecnologías, con todo lo que esto implica como método científico y pedagógico y de práctica profesional. Sabemos imaginar, crear, diseñar, planificar y construir, ideas, objetos, edificios, ciudades y territorios. Sin embargo, como los demás escalones de esta pirámide, necesitamos dialogar, no solo con las demás disciplinas del hacer, que están a nuestro lado en esta pirámide, sino también con las abajo y las de arriba, para no caer en la ceguera que advertía Max Neef o Edgar Morín, así como otros más.

 

Hacia abajo debemos mirar para basar nuestros desarrollos en conocimientos básicos sólidos, en las ciencias sociales para conocer a nuestros pueblos, sus necesidades, sus sueños y en las ciencias naturales para conocer nuestros lugares, materiales y recursos, y hacia arriba para orientar y darle sentido a nuestro hacer, respaldarnos en la política, la ética, la filosofía, el arte, la moral, para guiar con sabiduría nuestras prácticas, conscientes además que nuestras acciones en el presente son también una huella y un legado para las futuras generaciones.

 

Respetando la diversidad de pensamiento que nos caracteriza como Facultad, me gustaría que los próximos años, además de dar las respuestas creativas tradicionales que damos al mercado, orientemos nuestro saber, para aportar al desarrollo de la región, para contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos y ciudades. Que pongamos nuestros conocimientos al servicio de sus necesidades.

 

Los indicadores de déficit del hábitat urbano y rural, de viviendas, de infraestructuras básicas, de equipamientos sociales, de desarrollo y ordenamiento urbano y territorial, son palpables y dolorosos en nuestra región. No quiero hoy citar datos, quienes trabajamos desde hace mucho con esta realidad, sabemos sobremanera los problemas que tenemos. Casi no hace falta ciencia para esto, solo basta andar por nuestras ciudades y pueblos para palparlos directamente.

 

Sabemos que se tratan de problemáticas que deben abordarse integralmente en todas las dimensiones del desarrollo. Hoy toda nuestra Universidad parece estar asumiendo un compromiso con esta realidad. Nosotros como Facultad tenemos que integrarnos a este proceso. Para eso debemos abrirnos a interactuar con la sociedad, los gobiernos de los diferentes niveles, sin distinciones sectoriales.

 

Hoy hay aquí algunos funcionarios y dirigentes importantes, a ellos quiero transmitirles este compromiso, que estamos abiertos para trabajar juntos, que en la Universidad hay recursos que están cerca y son valiosos. Que esta es una Institución pública que nació para aportar al desarrollo de la región y que hoy quiere profundizar esa impronta. Que no busquen tanto afuera, que no piensen que lo que viene de otro lado es siempre mejor, pueden ser mejor, pero muchas veces también pueden ser peor y además más caros. Romper la dependencia cultural es tarea de todos. Se está comenzando a abrir un debate sobre nuestro desarrollo, discutamos sin temores, sin divisiones apriorísticas y encontremos entre todos las soluciones que necesitamos.

 

Si avanzamos en esta tarea en nuestra facultad, en nuestra universidad y en nuestra sociedad en los próximos años, le daremos un sentido valioso a nuestro hacer, estaremos contribuyendo a una región más justa y desarrollada, con mejor calidad de vida para todos los ciudadanos.

 

Muchas gracias!